“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Y ve si hay en mí algún camino malo y guíame por el camino eterno”. Salmos 139:23-24
El salmista nos deja muy claro a través de estas hermosas frases hasta qué punto Dios conoce lo más profundo de nuestro corazón.
Debemos comprender que Dios conoce hasta la intención que hay en nuestro corazón.
El ser humano es capaz de engañar a todos: el empleado puede engañar a su jefe, el hijo a sus padres, el marido a su esposa, y así sucesivamente; pero es imposible engañar al autor de la vida y creador del universo.
En esta sincera oración, le pide a Dios que escudriñe su corazón y sus pensamientos, y lo más hermoso es que, con toda humildad, le pide al Dios todopoderoso que retire de su interior todo lo que no agrada a nuestro Señor.
Termina su oración pidiendo que Dios lo guíe por sus caminos, una oración digna y justa de una persona que teme a Dios, desea tener éxito en esta vida y alcanzar la vida eterna.
Este salmo nos deja un ejemplo de humildad, entrega y temor; debemos reconocer cada día que Dios conoce lo más íntimo de nuestra alma y de nuestros pensamientos, y pedirle que todo aquello que no le agrada, que no sirve, que no es bueno, pueda retirarlo de nuestro corazón y de nuestros pensamientos.






