Al igual que David, que fue perseguido incluso sin hacer daño a Saúl, a menudo nos enfrentamos a la persecución no por nuestras acciones, sino por la esencia de lo que somos.
David tenía el favor de Dios y un corazón puro, y esto despertó la envidia y la inseguridad de Saúl.
Del mismo modo, cuando estamos en sintonía con nuestra verdadera identidad, viviendo de acuerdo con nuestros principios y buscando nuestra mejor versión, podemos atraer resistencia.
Estas persecuciones no tienen que ver con lo que hacemos, sino con el brillo que llevamos y la fuerza que Dios ha puesto en nosotros.
Recuerda: quién eres, tu esencia y tu conexión con Dios, a menudo molesta a aquellos que no están alineados con la verdad.
Pero no te dejes turbar.
Como David, confía en el propósito de Dios y permanece fiel, porque al final, es Él quien nos enaltece.


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