miércoles, 16 de julio de 2025

CARTA DE UN PASTOR - ¡NO ME RENDIRÉ!

 


Con el corazón marcado por el fuego del llamado, escribo no sólo palabras, sino partes de mi alma.

Desde los primeros susurros de mi vocación, lo supe: nací para esto. No fue una elección, fue una respuesta. No fue un plan, fue una entrega. El ministerio no me llamó por conveniencia, sino por un propósito eterno. Y aun conociendo los vientos en contra, las largas noches, el dolor silencioso, continúo. Seguiré adelante.

He peleado guerras invisibles, batallas que sólo el cielo ha presenciado. He entregado lo que no tenía, he ofrecido más que mis fuerzas, he exprimido mi alma hasta que estalló en lágrimas. Y aun así, no me rendiré.

Me he enfrentado a lobos con piel de cordero, a sonrisas llenas de veneno, a calumniadores disfrazados de consejeros. He sido traicionado por quienes defendí y herido por quienes curé. He ayudado a quienes volvieron la cara. He amado y he sido ignorado. He plantado en campos que nunca dieron fruto. Pero aun así, no me rendiré.

 

Sé que el reconocimiento puede no llegar nunca. Para algunos, nunca tendré valor. Pero mis ojos están puestos en el cielo. Mi alma cansada no encuentra descanso en las recompensas de los hombres, sino en la promesa del Rey.

 

Mi esperanza no es terrenal. Mi recompensa no tiene dirección postal, tiene eternidad.

Sí, también he encontrado hermanos leales. Ángeles de carne y hueso que me apoyaron cuando me temblaban las piernas. Personas que aman, que oran, que ayudan, que están ahí. Pero incluso con ellos, mi verdadero refugio está bajo las alas del Altísimo, y mi seguridad se funda en la Roca que es Cristo.

 

Hoy sé que la vocación no es una profesión. Es un altar.

No es una carrera, es una cruz. No es un escenario, es renuncia.

Es desgastarse. Es dejarse abatir para que otros puedan elevarse. Es morir a ti mismo cada día y, sin embargo, seguir predicando la vida.

Porque más que ser recordado, quiero cumplir mi misión. Más que ganar, quiero permanecer. Más que ser aplaudido, quiero ser aprobado.

Por todas estas razones, declaro ante el cielo y los hombres: no me rendiré.

Con reverencia y entrega.

Un pastor llamado, herido, fiel, pero en pie. ¡NO ME RENDIRÉ!

Alexandre Mineiro.

 

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