viernes, 25 de julio de 2025

¿NO FUISTE AL CULTO EL DOMINGO?

 


¿Lo que te hizo no ir a la iglesia el domingo te impediría ir a trabajar el lunes?

 

Si somos sinceros, la respuesta la mayoría de las veces es no.

 

A menudo renunciamos a la comunión dominical por motivos sencillos -cansancio, el tiempo, una visita, una ligera indisposición, compromisos triviales pero afrontamos estas mismas situaciones sin dudarlo cuando se trata de trabajar el lunes.

Esto no se debe a que el trabajo sea más importante que el culto, sino a que vemos el trabajo como algo que nos reporta un beneficio inmediato, mientras que el culto no suele percibirse como algo que "nos da ganancias".

 

Esta es la raíz del problema: valoramos lo que nos da resultados visibles, económicos, inmediatos. Y dejamos de lado lo que alimenta el espíritu, fortalece la fe y moldea el carácter para la eternidad.

 

No es que la adoración sea más importante que el trabajo.

 

Ambos son expresiones de nuestra adoración a Dios, cuando se hacen con el corazón correcto.

 

Pero la adoración revela cuánto valoramos la presencia de Dios, y el trabajo revela cuánto confiamos en nuestros propios esfuerzos.

 

El autor de Hebreos nos exhorta:

 

"No dejemos de reunirnos como Iglesia, según la costumbre de algunos, sino animémonos unos a otros; tanto más, cuanto veis que se acerca el Día." (Hebreos 10:25)

 

Es hora de repensar nuestras prioridades.

 

La adoración no nos da un sueldo, pero nos forma como siervos.

 

No nos llena los bolsillos, sino que nos llena el alma.

 

No nos promociona ante los hombres, sino que nos posiciona ante Dios.

 

Si siempre estamos presentes donde hay ganancia, y ausentes donde hay edificación, tal vez estemos sirviendo a un amo diferente.

 

Jesús fue claro:

 

"Nadie puede servir a dos señores...".

 

(Mateo 6:24)

 

No se trata de abandonar el trabajo, sino de no descuidar lo que es eterno.

 

El culto es donde el Cuerpo se reúne, la Palabra nos confronta 📖, el Espíritu nos renueva y nuestra fe se alimenta.

 

Es donde dejamos de vivir para el lucro y empezamos a vivir para un propósito.

 

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