Hay algo que no puedes olvidar:
Jesús INVITÓ a los discípulos a seguirlo, pero no persiguió a nadie.
Él caminaba… y el que quería, lo seguía.
Y tú, pastor, no eres más que Jesús.
No fuiste llamado a perseguir ovejas caprichosas, sino a guiar a las que tienen hambre.
No gastes tus fuerzas mendigando la atención de quien solo quiere que lo busquen, pero nunca se deja formar.
Porque mientras inviertes energía en el que siempre pone excusas, hay otros que están diciendo en silencio:
“Aquí estoy, pastor… disciplíname.”
Elías no rogó… solo dijo: “Si me vieres…”
Eliseo deseó y se quedó.
Josué sirvió y no se apartó.
Timoteo escuchó, caminó, y se dejó formar.
Hay gente que SÍ DESEA.
¡Enfócate en ellos!
Hazle espacio a los que sí quieren ser transformados.
Porque el que tiene hambre no pone condiciones… se entrega.
Y a ti que lo lees, oveja, discípulo, seguidor:
No esperes que el pastor te persiga como si fueras el centro del Reino.
El Reino no gira alrededor de tu comodidad… gira alrededor de un propósito eterno.
Si no quieres caminar, no estorbes a los que sí quieren correr.
PASTOR: Dios te dio un llamado, no una carga emocional.
Levántate, sacúdete, y sigue.
Tienes una generación que sí te necesita.
¡No llores más por quien no quiere!
¡INVIERTE EN LOS QUE SÍ!
-reflexiones de un joven pastor


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