Un día, un comerciante encontró a tres hombres que se lamentaban por mal tener
que dar de comer a su familia.
Pasaban necesidades y los hijos estaban mal alimentados.
Sensibilizado, el comerciante quiso ayudar a los tres hombres y dijo que les daría una bolsa con harina, otro con panes y otro con semillas de trigo.
El hombre más aficionado fue luego cogiendo la bolsa con panes y corrió a casa.
El otro escogió la bolsa con harina y agradeció, saliendo apresurado.
Pasaban necesidades y los hijos estaban mal alimentados.
Sensibilizado, el comerciante quiso ayudar a los tres hombres y dijo que les daría una bolsa con harina, otro con panes y otro con semillas de trigo.
El hombre más aficionado fue luego cogiendo la bolsa con panes y corrió a casa.
El otro escogió la bolsa con harina y agradeció, saliendo apresurado.
El tercero quedó radiante con lo que le quedaba y dijo:
- Estoy feliz, pues soy el único de los tres que no necesitará volver aquí.
Es decir, fue el único que resolvió de vez su situación y la de los hijos.
Cuando hablamos de compromiso con Dios, hablamos de algo duradero, hablamos de pacto.
Estar dispuesto a negar su propia voluntad, ser fiel a Él, andar en temor a su palabra.
Comprometerse es no pensar sólo en el momento, sino llevar lo que se ha propuesto hasta el final.
Es como jugar semillas para después cosechar.
Es necesario educar a las personas a no querer sólo una bendición de Dios, sino tener aquel que bendice siempre a su lado.


No hay comentarios:
Publicar un comentario