Todo empieza cuando dejas de ir a la iglesia.
El domingo siguiente tienes visita y no vas a la iglesia.
La semana siguiente vas de compras o empiezas a trabajar los domingos.
Entonces empieza la excusa de que estás cansado porque el único día de descanso es el fin de semana.
Luego viene la excusa de que no necesitas ir a la iglesia para buscar a Dios.
Lo siguiente que sabes es que vuelves a practicar malos hábitos.
De repente levantas la vista y ya estás hundido en la tristeza y en el pecado y no encuentras fuerzas para levantarte.
Te sientes lejos de Dios y caes fácilmente en la tentación.
La palabra de Dios se vuelve superficial y sin vida para ti.
Entonces te preguntas: ¿qué ha sido de mi vida?
Entiende algo: el diablo no derriba a nadie de la noche a la mañana.
Sabes porque? porque él tiene lo que tú debes tener: paciencia y persistencia.
Es de maneras sutiles que el enemigo se mete en tu vida y te hace perder tu primer amor y fervor.
Abre los ojos y empieza a ver lo que te ha estado alejando de la presencia de Dios.
A menudo nos sentimos espiritualmente fríos y desnutridos porque no nos hemos estado alimentando de la palabra de Dios.
Voy a nombrar algunas cosas que nos desgastan
Entre el celular y dormir, elegimos el celular
Entre ir a la iglesia o quedarnos en casa, preferimos quedarnos en casa
Entre orar y hacer otra cosa, es mejor hacer otra cosa
Entre cuidar lo que ves lo que oyes lo que dices, que son las entradas al alma, y también nuestras redes sociales, preferimos ver cosas innecesarios en las redes sociales.
Y entonces llega el momento en que estamos tan fríos y vacíos espiritualmente que no entendemos por qué
¿Sabes por qué?
¡Simplemente porque estamos alimentando nuestra carne todos los días y no nuestro espíritu!
Hoy quiero que reflexiones sobre tus prioridades y lo que ha ocupado el trono de tu corazón
Si este mensaje bendijo tu vida, compártelo con alguien


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