En las redes sociales vemos a muchas personas preocupadas, e incluso criticando, a los cristianos que, con todo su corazón, entregan sus diezmos y ofrendas en sus iglesias.
Pero si nos detenemos a analizar el impacto de una iglesia en una comunidad, entendemos que lo que ofrecemos a Dios no se compara con todo lo que Él ha hecho, está haciendo y aún hará en nuestras vidas.
¿Cuántos exdrogadictos, exalcohólicos, exdelincuentes, exprostitutas y tantas otras personas que hoy están completamente restauradas gracias al trabajo de la iglesia?
Y cuando hablo de iglesia, me refiero al lugar donde muchos encontraron a Jesús.
Por otro lado, vemos familias destruidas por el alcohol, las drogas, el juego, la pornografía y otros vicios. Personas que pierden todo, incluso la vida, por causa de esas ataduras.
Sin embargo, en vez de preocuparse por los que aún están perdidos, muchos prefieren criticar a quienes ya han sido restaurados.
Por eso, mi hermano, si tú no deseas, no quieres o no crees en los diezmos y ofrendas, está bien, no hay ningún problema. Pero no molestes ni critiques a quienes, con un corazón sincero, honran a Dios. Lo hacen porque sus vidas fueron transformadas y bendecidas.
Y dicho sea de paso, la gran mayoría —y me incluyo— diezmamos y ofrendamos por amor, no por obligación.
Lo hacemos porque Jesús mismo se entregó por amor a ti y a mí como ofrenda y sacrificio.
(Efesios 5:2)
Pastor Daniel Santos


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