Esta es una frase que oímos a menudo en las iglesias.
Y, en algunos casos, puede existir una necesidad real de más atención y acompañamiento. Pero, antes de llegar a esa conclusión, vale la pena reflexionar sobre algunas cosas.
Muchas veces esperamos que nuestro líder se dé cuenta de nuestra tristeza, nuestra lucha o nuestras dificultades sin que hayamos dicho nada.
Pero los líderes no tienen una bola de cristal.
No pueden adivinar lo que nunca se les ha comunicado.
La madurez espiritual nos enseña a pedir ayuda cuando la necesitamos.
También debemos recordar que el cuidado no es lo mismo que la atención exclusiva.
Tu líder cuida de las personas, no solo de ti.
Tiene familia, trabajo, responsabilidades, limitaciones y retos personales. Los pastores no son superhéroes.
Por eso, no todo olvido significa rechazo.
No toda ausencia significa falta de amor.
Además, las relaciones sanas se construyen por ambas partes.
Hay personas que quieren que se les busque, pero nunca dan el primer paso.
Quieren recibir mensajes, pero nunca envían ninguno.
Quieren que se les escuche, pero nunca se abren.
Y aquí hay una verdad importante:
La iglesia no gira en torno a nosotros.
Tú eres importante.
Muy importante.
Pero el centro de la iglesia no eres tú, ni el pastor.
El centro de la iglesia es Jesucristo.
Por eso, antes de llegar a la conclusión de que a nadie le importas, habla con alguien.
Antes de alejarte, busca a alguien.
Antes de inventarte una historia en tu cabeza, dale a la gente la oportunidad de escuchar lo que hay en tu corazón.
Porque muchas veces el problema no es la falta de atención.
Es la falta de comunicación.
Y recuerda:
«Tu líder no está ausente solo porque no haya adivinado lo que nunca le has dicho».
«La falta de atención no es lo mismo que la falta de interés».
📖 «Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo». (Gálatas 6:2)


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